Fan Fiction

...Music ...

jueves, 28 de enero de 2010

La Marca de la Elegida ...

Tuvieron que retrasar el viaje unas ocho horas hasta que Adah se recuperó de los efectos del schemeteriak. Por seguridad, Altaïr requisó la bolsita con la droga que escondía Nofek entre sus provisiones y así evitar nuevos ataques de fanatismo, que podrían atentar contra la vida de la joven. Parecía que la frialdad de Nofek había desaparecido, pues la joven parecía constantemente nerviosa y preocupada desde aquel incidente, y no se separaba ni un momento de Adah.

Altaïr vigilaba cada movimiento de la niña con desconfianza y cuando llegaba la hora de proporcionar un poco de agua a la joven enferma, él mismo se encargaba de dicha tarea, mientras la cría le miraba receloso e incluso con cierta envidia. Cuando Adah por fin despertó, se encargó de prepararle una infusión de manzanilla, para evitar que se infiltrasen sustancias secundarias y así asentara el estómago después de tantas veces que había vomitado la joven.

Preparó un cazo viejo con agua de la petaca e hirvió las hierbecillas, para después colarlas y echarlas en un vaso de cerámica. Se situó muy cerca de la joven y la ayudó a reincorporarse, formando con unas telas una especie de almohada sobre una piedra grande y elevada, para que pudiera apoyar la cabeza mientras bebía la infusión. Con una mano, la ayudaba a elevar la cabeza lo suficiente para tomar sin que se derramase demasiado, y, con la otra, le daba de beber a pequeños sorbos para que no le sentase mal.

Adah hacía gestos de esfuerzos al tomar la infusión y contraía completamente el rostro, después de tomar cada sorbo, pero no ponía ninguna pega ni se quejaba. Cuando Altaïr vio que era suficiente, dejó el vaso a un lado y se quedó contemplando el rostro pálido de la joven, que parecía sumirse de nuevo en un profundo y pacífico sueño. Se tomó su tiempo en quitarla los pelos que se pegaban a la sudorosa frente, incluso alargando aquel momento, como una tonta excusa para quedarse allí un rato más mirándola, escrutando cada rasgo, analizando cada gesto producto del sueño … Mientras se preguntaba que pasaría cuando tuvieran que despedirse … ¿Volverían a encontrarse de nuevo? No era probable, se decía a si mismo, guardando la cordura …

-¿Qué tal se encuentra?- preguntó una vez más Nofek, acercándose y mirando fijamente a Adah.
-Al menos ya bebe algo … Cuando pueda comer algo sólido, podremos continuar el viaje-contestó secamente, observándola bajo el capuchón con el ceño fruncido- ¿Por qué lo hiciste, Nofek?
La niña calló un momento, al mismo tiempo que los ojos castaños comenzaban a empañárseles de lágrimas.

-No quería matarla … No sabía que pudiera dañarla tanto ...-murmuró mientras se pasaba la manga de su sucia túnica por la nariz.

-Escúchame: te creo pero no me fío de tí … Debes tener más cuidado cuando manejas ese tipo de sustancias, más cuando no sabes lo que puede pasar ...-y entonces él se acordó de la escena en la que Adah volvió a sufrir un ataque, cuando él mismo fumaba hachís en la parte trasera de la tienda de Kadar …- Dime, ¿por qué Adah es tan especial para ...- dudó un instante y terminó- vosotras?

-La Nana siempre nos ha dicho que somos las Elegidas de Dios y que una de nosotras será nuestras líder, ya que es descendiente directa de Yeshu … Su linaje se traspasa solo por vía femenina a través de la primogénita.

-¿Yeshu es el Jesús cristiano?-intentó aclarar Altaïr no muy seguro de sus propias palabras.

-Eso es lo que se dice … Pero hay mucha confusión entorno a ello porque Ellos quieren mantener el secreto, por la imagen y castidad del propio Yeshu … Yo confió en la sabiduría de la Nana, ella nos ha enseñado todo lo que sabemos del Antigüo Testamento y el Verdadero Nuevo Testamento … Incluso poseemos el arma de Yeshu: solo una verdadera descendiente de Yeshu puede usarla para el bien común.

-¿Y dices que sois todas mujeres?

-Exacto.

-Eso no es posible ...-dijo Altaïr, sonriendo- ¿Qué pasa con los hombres entonces? ¿Cómo es que sobrevivís y tenéis descendencia?

-Las mujeres mayores y adolescentes mantienen relaciones con hombres del exterior y cuando quedan encintas, vuelven para dar a luz.

-¿Y qué pasa con los que nacen varones? ¿Los expulsáis del poblado?

-Nunca nacen varones en nuestro grupo- contestó tranquilamente la joven sin inmutarse y mirándole fijamente con los enormes ojos entrecerrados.

-No puede ser …

-Si que puede … Ya te he dicho que somos las Elegidas …

Altaïr se quedó seriamente reflexionando las palabras de la niña. Acto seguido, se levantó con cuidado de no despertar a Adah y se alejó un poco, con la excusa de ir a cazar algo. Se perdió un poco entre los cañones y los matorrales, buscando algún pequeño animal mientras pensaba, pues su cabeza parecía estallar de tantos pensamientos entrecruzados … ¿Cómo podría …? No, no podía serlo … Había algo más … Pero Nofek no tenía las respuestas que él buscaba …

Regresó sin pieza alguna una vez se hubo tranquilizado y vigiló lo que estaba cocinando la pequeña. Cuando terminó, cogió la parte que correspondía a Adah y fue a dársela antes de empezar él con la suya propia. Nofek se quedó comiendo en silencio junto al fuego, mientras las llamas rojizas se reflejaban en sus ensimismados ojos.

Cuando él se acercó, Adah le sonrió tumbada y le esperó, para poder apoyarse en un codo y verle mejor.

-Gracias por cuidar de mí ...-susurró ella con voz débil.

-Te la debía: tú hiciste lo mismo por mí una vez ...-contestó él, procurando no ponerse nervioso cuando la tomó de los brazos y la ayudó a sentarse. Los blancos dedos de la joven se aferraron con fuerza contra su morena palma y él sintió un cosquilleo que le llegó hasta la yema de los dedos …

-Y lo volvería a hacer si fuera necesario …- entonces se acordó que no quedaba mucho para que sus caminos se separasen para siempre ...- Bueno, si tuviera de nuevo la oportunidad …
Altaïr se escondió acalorado tras su capuchón, dejando que las sombras hicieran el resto para ocultar su sonrojamiento. A la joven un rojo rubor subió hasta sus pálidas mejillas, haciendo que su hermoso rostro recobrase vida de nuevo. Luego, alzó la cabeza esbozando una sonrisa enigmática y mirándole con ternura a los ojos, mientras éste le daba de comer pequeños trocitos de torta con humus.Altaïr evitaba mirarla directamente a los ojos y entonces notó la suave mano de Adah tocar la suya: la que le daba de comer y precisamente en la que le faltaba un dedo. Él casi se quedó sin respiración y la intentó apartar de inmediato, pero ella la tenía tomada con fuerza y determinación.

-¿Cómo te hiciste esto?- preguntó ella con voz sumamente suave.

-Es un signo de iniciación …-respondió vagamente el joven asesino. Se mordió los labios nervioso, mientras la joven miraba con fascinación aquella deformidad- ¿Te da asco?- preguntó él, como un niño pequeño inseguro.

-No- y ella posó dos de sus dedos sobre el pequeño muñón formado, debido a la amputación- Yo también tengo una marca especial como la tuya …

Dicho esto, la joven se arremangó los bajos de su túnica, ante la atónita mirada de Altaïr. Se levantó apoyándose en un hombro del joven y se bajó los bombachos, volviendo a cogerse los bajos, solo tapando su pubis. Entreabrió las piernas y señaló con su dedo índice en un trozo de piel brillantemente blanca, entre sus redondos muslos, una especie de marca grisácea. Altaïr evitaba mirar demasiado fijamente porque consideraba aquello algo indecoroso.
-Ésa es mi marca- dijo la joven casi alegremente- Dicen que esa marca solo puede llevarla una verdadera Elegida … La Nana dice que está hecha a fuego …

-Pero … ¿Por qué sois las Elegidas?¿Qué hacéis exactamente?- preguntó Altaïr, mirando al suelo, para así evitar que sus ojos fueran a zonas prohibidas de la anatomía de la joven …

-Nosotras nos encargamos de guardar el secreto de Yeshu … Porque como Elegidas y descendientes de sus verdaderas pupilas, tenemos el deber de aguardar hasta el Gran Día … El momento preciso en el que debemos revelar la autentica Verdad ...- ella estaba ahora de cuclillas, de nuevo vestida, mirándole con sus hermosos ojos ambarinos- Pero Ellos lo saben y quieren apoderarse de nuestros bienes más preciados … Ellos no solo me quieren a mí.

-¿Cómo?- entonces alzó la cabeza completamente interesado en las palabras de la joven- ¿Qué es lo que realmente buscan los Templarios?

-Mi captura no fue más que una excusa … Porque en un principio Ellos pensaban que si yo era la Máxima Elegida, tendría en mi poder Eso que Ellos tanto ansían … Pero la Nana es mucho más inteligente y se encargó de guardarlo en un lugar seguro donde Ellos nunca pensarán buscar … Me torturaron, me mataron de hambre y sed … Aún así, me mantuve firme y mis compañeras me apoyaron atacándoles, les presionaron para que me liberasen … Pero llegaste tú, como un ángel caído del cielo y me liberaste. Pensé que me devolverías con mis compañeras y pronto descubrí tus intenciones: aunque sabía perfectamente que no eras uno de Ellos.- le tomó de ambas manos con fuerza de manera suplicante- Sé que tú reniegas de tu misión porque en el fondo tienes un buen corazón … Las intenciones de los tuyos no difieren demasiado de las de Ellos. Por eso, demostrando la lealtad, extrañamente confiada que me guardas, te pediría que ayudases a mis compañeras y a mí a librarnos de Ellos. Necesitamos la ayuda de un hombre como tú para poder escapar a un sitio más seguro que Tierra Santa, Altaïr.

Hacía mucho que no escuchaba pronunciar su nombre y menos de la boca de Adah. Allí estaba ella, pidiéndole ayuda a un hombre como él, un hombre que había cometido barbaridades por órdenes de su credo y que le pedía que traicionase a su maestro, Al Mualim. Hasta ese mismo instante no fue consciente de lo que estaba pasando, ni de lo que debería hacer o no hacer … Era como si la situación se le estuviera escapando de las manos sin que él se diese cuenta … ¿Acaso le estarían traicionando sus propios sentimientos? ¿Aquellos contra los que había luchado durante tantos años para convertirse en lo que era … o lo que quedaba de aquello que fue?

-Estas pidiéndome muchas cosas ...-comenzó Altaïr tímidamente, ya que no quería aceptar su propuesta abiertamente ni tampoco negársela demasiado pronto- Quiero decir que … Implicarían consecuencias que no podría prevenir ahora mismo … Porque … Porque ...-odiaba tartamudear- No sé si lo haría por ti o porque creo en vuestra causa …

-¿Acaso ...sientes algo … por mí?-preguntó la joven, igual de tímida.

-No lo sé ...- y suspiró, apartando la mirada hacía el horizonte, que comenzaba a oscurecer- Creo que deberíamos levantar el campamento y viajar durante la noche … Así, seremos menos vulnerables, aquí parados …

-No me cambies el tema, por favor ...-suplicó Adah, conteniéndose las lágrimas.
-Nofek deberá ir contigo, por si acaso debemos huir … En su poney, no iría demasiado rápido …

-¡Yo si te amo!- exclamó ella, al mismo tiempo que le acariciaba, de manera inconsciente el muñón del dedo.

-No, no …. No lo entiendes … No deberías.- él escapó de sus manos y la agarró por los hombros, añadiendo en tono confidente- Debes aprender a odiarme, porque no creo que pueda ser posible … De otra manera.

-Entonces eso es lo que haces … Odiarme para no sentir nada por mí, ni siquiera un mínimo de compasión ...- murmuró ella entre lágrimas, intentando no mirarle, ella ahora, a él a los ojos.

-Pertenecemos a dos mundos muy diferentes, que no creo que puedan ser compatibles entre sí … No te odio, si eso te alivia al menos, pero no puedo quererte … Porque así, de lo contrario, te haría más daño del que puedes imaginar … No quiero crearte falsas expectativas, Adah, es la pura verdad.

-Sabes que no somos tan diferentes Altaïr … Tenemos cosas en común ...-argumentó ella esperanzada.

-Esas mismas coincidencias son las que más miedo me dan … Vamos, debemos recoger todo esto antes de que caiga la noche … Al menos, hazlo por Nofek …

Adah asintió, y se secó las lágrimas con la manga de la camisa, admitiendo con gran madurez el rechazo por parte de Altaïr ...

La Revelación de la Serpiente ...

-No puedes hablar en serio ...-murmuró ella, mirándole a los ojos, mientras la luz de las estrellas se tintileaban en sus húmedos ojos- Después de todo lo que ha pasado … ¿Vuelves a querer deshacerte de mí?

-No tienes por qué preocuparte, pues la responsabilidad de lo que me encomendaron recaerá sobre mí … Puedo fracasar si lo creo oportuno.

-Eres idiota- concluyó ella, con las gruesas cejas contraídas- Eres un creído …Creí que eras distinto. ¡No te soporto!- le golpeó el pecho con ambos puños sin dejar de mirarle fijamente a los ojos- Y pensar que yo alguna vez …

Pero se quedó callada, como si sus propias palabras hubieran quedado calladas dentro de su propia garganta. Apartó bruscamente la mirada. Tomó por los hombros a Nofek y se apartaron un poco. Se puso de cuclillas delante de ella y la tomó el rostro con ambos brazos. La niña la miraba con su característica inexpresividad.

-¿Dónde están las demás, Nofek?- le preguntó Adah, apartándola unos cuantos cabellos sucios de la frente.

-Debemos volver a Acre. Destrozaron el poblado poco después que lo abandonáramos … Ya no quedan más que las cenizas de nuestras casas.

-Es peligroso- sentenció Altaïr desde las sombras sin inmutarse lo más mínimo.

-Estábamos manteniendo una conversación privada- le espetó Adah sin siquiera mirarle.

-Una cosa es que os deje marchar y otra que no me importe si corréis peligro o no.

-Pues debería- y Adah se volvió para señalarle a modo de acusación con su dedo índice- Ya no formo parte de tus preocupaciones. Vamos, Nofek, busca tu poney y marchémonos de aquí.

La niña obedeció sin decir palabra y Adah se encaminó hacia el campamento para recoger sus cosas, no sin antes pasar por delante de Altaïr y dirigirle una mirada de desdén. Él la miró sin mover una sola facción de su rostro, pero por dentro sintió como si le pegaran una puñalada por debajo de las costillas. ¿Qué era lo que ella esperaba de él? A penas entendía por qué ella se había disgustado tanto con él …

Adah metió la mitad de la comida hecha por la noche en una vasijas o envueltas en telas para meterlas en su saca. Lo ató todo al caballo, sin dignarse a mirarle siquiera de reojo. Estaba tan furiosa con él. Ella esperaba … Ella … Sacudió la cabeza como para espantar una mosca especialmente molesta y apoyó su frente en la silla de montar, con las manos apoyadas en el lomo del caballo. Suspiró hondo y alzó la vista, dispuesta montarse. Sus ojos se cruzaron con los de Altaïr que la miraba desde el otro lado del animal, agarrándola por las manos con fuerza, impidiéndole impulsarse con comodidad.

-Creo que debería acompañaros …-comenzó a decir él suave, intentando que ella le mirara a los ojos- Para asegurarme que al menos llegáis bien.

-No es necesario-y le fulminó con una mirada llena de dureza- Yo puedo cuidar de Nofek sola.

-Lo siento, pero mi conciencia me impide dejar a una mujer y una niña solas, cruzando el desierto … Ya sabes lo que nos ocurrió con los bandidos … Escapamos de milagro.

-¡No vengas ahora haciéndote el héroe!

-Ya sabes que yo no soy ningún santo … Pero puedo escoltaros sin ningún problema.


-¿Qué quieres de nosotras?¿Acaso es otro de tus trucos? ¿Qué interés tienes en ayudarnos?


-Solamente tú ...-murmuró él mismo avergonzado y sin a penas poder sostener la mirada de la joven.

A Adah le dio un vuelco el corazón y apretó los dientes, no sabía si de rabia o por controlar algún que otro tipo de impulso desconocido hasta entonces. Altaïr deslizó su mano para dejar a la joven subir al caballo. Cuando ésta tomó las riendas, le miró levemente y después dirigió su mirada en dirección contraria, a las montañas, que quebraban el horizonte con sus rotas formas, como las del perfil de una sierra de carpintero.

-Puedes venir … Nos vendrá bien alguien que nos guié- comentó Adah, sin dejar de mirar el oscuro cielo que comenzaba a clarear con tonos violetas y rojizos.

-Me parece una sabia decisión- le contestó Altaïr, al mismo tiempo que corría hacia el campamento para desmontarlo y Nofek se acercaba a ella con gesto de malhumor, montada en su poney.


-¿Por qué le permites que nos acompañe?-preguntó la niña con un tono de reproche en su grave voz.

-Nos puede ser útil … Confía en mí, ya que yo confío en él-le aclaró Adah, mientras la peinaba el cabello alborotado con dulzura.

Emprendieron el camino al alba, sin haber dormido a penas, y se notaba el cansancio cargado en sus cuerpos, tambaleantes en las monturas, mientras iban a paso tranquilo. Cuando salieron de la zona de bosque, pararon a un lado del camino de tierra, algo alejados. Allí, después de comer algo, se dispusieron a descansar para recuperar el sueño que habían perdido durante toda la noche. Pero Adah se quedó sentada, sin recostarse. Altaïr la persuadió para que se acostara, pero ella negó con la cabeza, aludiendo que no tenía demasiado sueño, aunque las moradas ojeras que se dibujaban debajo de sus ojos y las bolsas ligeramente hinchadas indicaran lo contrario.

Él desistió vencido por el sueño, mientras la niña se quedó dormida al lado de Adah, con la cabeza apoyada sobre su regazo. Los ojos vacíos de Adah se perdían, al igual que sus dedos, entre los enredados y sucios cabellos de la cría. No sabría explicarlo, pero tenía el pecho oprimido que casi al respirar le dolía. Su cuerpo estaba rígido en la posición en la que estaba, como si sus miembros fueran rígidos bastones de madera. Escuchó un susurro serpenteante cerca de ella. Pero era leve, como si pasara corriendo, alejándose y acercándose al mismo tiempo. Ella miraba a su alrededor sin alterarse, comprobando de aquella manera de que no había nadie más allí, aparte de ellos mismos.

Con cuidado, apartó la cabeza de Nofek a un lado y la puso encima de un bulto de telas,que habían formado su velo. Sus cabellos acariciaban su rostro con débiles azotes y se entremetían en su boca y ojos. No se sentía dueña de cada movimiento que hacía, pues ella no tenía la voluntad de hacer lo que estaba haciendo. Se puso en pie, con la vista fija en un sitio concreto del camino, sin que allí viera nada … Pero aún así, tenía la imagen de una serpiente grabada en su mente con la absoluta certeza de que lo estuviera percibiendo a través de sus sentidos.


Se paró el seco, mirando fijamente a aquella serpiente invisible. Con la cabeza bien alta, y mirándola de reojo con aquella pupila alarga, que rajaba el iris ambarino. La tentaba con su lengua bífida, de manera burlona, como si tratara de decirla algo. Ella se agachó y se quitó las sandalias para comenzar a andar descalza por la gravilla. Las piedrecillas se clavaban en la planta de sus pies, haciéndola rasguños y pequeñas heridas que sangraban levemente. La serpiente se acercó sigilosa a sus pies, rodeándola con su escamoso cuerpo los tobillos, enredándose en sus pantorrillas …
Adah sentía el contacto de aquel cuerpo tibio y cayó arrodillada, seducida por algún tipo extraño de magia … Dejó que la serpiente subiera enrollándose en su cuerpo, apretando y aflojando al mismo tiempo que trepaba un poco más, mientras notaba las contracciones del cuerpo de la misma … La serpiente llegó hasta su pecho y continuó el camino por los brazos, que Adah había extendido hacia afuera, dejando que la serpiente se enroscaban en sus delgados y blancos brazos.
La muchacha, con la boca entreabierta y los párpados casi cubriendo sus ambarinos ojos, miraban a la serpiente embelesada, como si ésta la hubiera seducido … Igual que a Eva. La serpiente sacaba su lengua bífida con rapidez, como si le hiciera una burla a la joven, al mismo tiempo que su cabeza se acercaba lentamente hacia la nariz de la joven, con las pupilas alargadas y negras fijadas en la misma.

Al abrir por completo los ojos, éstos se encontraron con los de la serpiente, en donde vio reflejada una cierta similitud, a parte del color … Una similitud que traspasaba lo meramente físico … Algo más parecido a una semejanza de espíritu … Una unión … O quizás un reflejo de si misma. Asustada y con gesto de asco, apartó de si la serpiente, intentando dejarla en el suelo … Pero no se soltaba.

-“Suéltate, ¿por qué no me dejas?”- pronunció la joven en su mente, con los ojos bien abiertos a modo de suplica.

-“Porque tú y yo somos una misma … Una unión … Una sola alma ...”- silbó la serpiente, que conseguía trepar por los delgados brazos como si estos fueran ramas de árbol.

-¡Yo no soy como tú!- gritó la joven como si saliera de un trance, mientras elevaba los brazos hacia el cielo, preparada para golpear a la serpiente contra el suelo. El sol cegador hacía llorar sus ojos semicerrados.

-¡Adah!- gritó Altaïr mientras se abalanzaba sobre ella.

Ambos rodaron por suelo, ya que Altaïr consiguió abrazarla por la espalda y echarse a un lado antes de que la carreta, tirada por una mula, les pasase por encima. Cuando el polvo se hubo disipado un poco, el hombre que llevaba la carreta saltó asustado de la misma y se acercó a los dos jóvenes para comprobar si se encontraban bien. Altaïr se levantó y ayudó a reincorporarse a Adah, que estaba muy tiesa y con la mirada fija en el suelo.

-¿Se encuentran bien?- preguntó el comerciante.

-Tranquilo, no se preocupe … Solo fue un despiste- contestó Altaïr en lugar de Adah- No volverá a pasar.

-¡Deberían tener más cuidado!- se quejó el hombre con los brazos en jarras, como si estuviera regañando a un par de chiquillos. Dicho esto, se dio la vuelta y emprendió de nuevo su camino, una vez hubo tranquilizado a la asustada mula.

Nofek se acercó corriendo y se quedó muy quieta, con los enormes ojos castaños mirando con terror a Altaïr, que sujetaba Adah por la cintura y la ayudaba a caminar, sacándola del camino. Parecía una anciana débil y confusa.

-¿Qué ha pasado?-preguntó la niña con su característica voz grave y ronca, como la de un adolescente que está cambiando la voz.

-Nada … Vamos ...- contestó el joven asesino, empujando suavemente a la niña, en cuanto pasó por su lado. Por primera vez, Altaïr vió el miedo reflejado en el rostro de la niña.

Se dirigieron a a la sombra y con suma suavidad, dejó a Adah encima de una manta, mientras ésta comenzaba a sudar y su piel adquiría un tono amarillento. Su cuerpo estaba completamente relajado, los ojos se abría y cerraban continuamente, y de vez en cuando, giraba la cabeza bruscamente de un lado a otro.

Adah se sentía dentro de un torbellino donde las imágenes llegaban confusamente a su aturdido cerebro. Un hormigueo constante le recorría su cuerpo, como si miles de patitas caminaran por encima de su sensible piel, que era capaz de sentir la forma exacta de las piedrecillas que se amontonaban por debajo de la gruesa manta de cuero. Estaba mareada y las figuras de Altaïr y Nofek se desenfocaban a cada rato, mientras los flujos de su estómago amenazaban con trepar por su seca garganta …

-¿Se va a morir?-preguntó Nofek, con la voz claramente quebrada.

-No lo sé ...-murmuró Altaïr igual de asustado, mientras cogía en una mano la delgada muñeca para tomarla el pulso: era increíblemente débil- ¿Qué ha comido?

-Una hogaza de pan con crema de lentejas y poco de queso fresco que traía yo …

-¿Qué le has echado?- preguntó Altaïr con tono de desconfianza y clavando los ojos en los de la niña, tratando de escudriñar cualquier brillo que pudiera delatar su mentira.

-Dios se le ha revelado y no tiene que ver con la comida ...-murmuró ensimismada, sin siquiera mirarle, como si hubiera otra cosa detrás de él y la estuviera analizando con suma tranquilidad- Es la Elegida, tal y como predijo la Nana …

-¡¿Qué?!- Altaïr se levantó de un saltó y se abalanzó sobre la joven, agarrándola fuertemente por los brazos- ¿La Elegida? ¿Revelaciones de Dios? ¡Tendrás que inventarte algo más contundente para convencerme de que no la has envenenado!- la señaló, mientras Adah, murmuraba en voz casi inaudible palabras pronunciadas con la lengua medio dormida- Si Dios existiera, no la haría sufrir, si quisiera ayudarnos.

-Nos lo merecemos- los ojos grandes y oscuros se clavaron en él como dos imanes- Debemos ser castigados para aprender de nuestro errores y ofensas.

Altaïr no pudo contener la rabia al oír tal sarta de sandeces seguidas. Casi de manera automática, su mano salió disparada contra las lisas mejillas de la muchacha, produciendo un sonido parecido al de un latijazo. Sus ojos, entrecerrados que le daban aspecto de somnolienta, se abrieron de par en par, como si no se esperara aquel golpe, pero aparte de ellos, ningún otro rasgo de su rostro reaccionó ante aquel violento acto. Tembló ligeramente y le miró con el temor reflejado en sus ojos.

-La Nana ...-murmuró con voz ronca, a consecuencia del shock- Ella me dijo que … Que tenía que dárselo ...- su grueso labio inferior tembló. Cerró los ojos, apretándolos hasta casi meterse las pestañas por dentro y tragó saliva para recobrar fuerzas y seguir hablando- Así podría contactar con Dios … Es una tradición … Tenía que hacerlo para que … Para que Adah tomara consciencia de lo que … Realmente es …

-¿Quién es?¿Qué es lo que la has dado?- la rabia se traducían en corrientes eléctricas que le impulsaban a zarandearla para sacarla la información. No quería volver a levantar la mano contra ella … No contra una mujer … Menos contra una niña …

-Solo le eché un poco ...-las lágrimas brotaron de su inexpresivo rostro, solo contraído a nivel de la frente, en una mezcla de arrepentimiento y culpabilidad- No quería hacerla daño … Lo juro … Yo la … Amo …